Ana María Crespo Flandoli
Hagamos de la labor social un camino y una meta en búsqueda de una sociedad mas justa y equitativa. Que la solidaridad sea un compromiso cada día de nuestra vida.


MENSAJE
Hay momentos de la vida, en los que los sentimientos quieren emerger del pecho a raudales, y las palabras no representan ni la más tenue sombra de lo que el corazón siente; momentos como este, en que vuelven a la mente las imágenes de vivencias que dejaron en mi alma huellas indelebles; experiencias que impregnaron mi espíritu con las más sublimes manifestaciones de cariño, amistad y apoyo. Momentos en los que, lo único que puede brotar de nuestros labios, es un Gracias, gracias a Dios y a mis hermanos cuencanos… una sola palabra, pero repleta del más profundo sentimiento de gratitud, por cada día vivido, por cada sueño compartido, por cada trabajo realizado. Gracias por su tiempo, por su ayuda, por confiar en mí. Sin su invalorable respaldo no habría sido posible alcanzar las metas trazadas.
Ha pasado un año, el tiempo parece haberse detenido, y a la vez parece haber cruzado a la velocidad de un rayo; pero siempre parece quedarnos corto, más aún cuando hay tanto por hacer. Solo queda a futuro, el compromiso en firme de continuar con la labor emprendida, de seguir trabajando por los que más necesitan nuestra ayuda, de seguir luchando por una sociedad más justa y equitativa, por seguir brindando a los demás nuestra solidaridad, por hacer de la labor social un camino y una meta, sabiendo que con ello alcanzaremos siempre los más gratificantes logros, no materiales, sino logros espirituales que son los que darán verdadero sentido a nuestra existencia, con la certeza de que el trascendente crecimiento del ser humano, solo es posible sobre fuertes bases de solidaridad, honestidad, justicia y lealtad.
Mil gracias también a mi Tierra Morlaca, a la Ciudad del Paisaje Eterno, la de los ríos cantores; la Ciudad de los tejados y las plazas; de las calles de adoquines, de los aleros y balcones; de las flores y las polleras de mil colores; de los sombreros, de los jilgueros y los gorriones; de las iglesias y los portones. Gracias a Santa Ana de los Ríos de Cuenca, a ti te debo el honor de que me llamen cuencana; gracias a esta Tierra que me brindó tiernamente su aire para mi primer respiro y en la que Dios permita, deje mi último suspiro.
Ana María Crespo Flandoli
REINA DE CUENCA
2005 – 2006
Cuando se representa a la mujer cuencana, no solo debe considerarse el plano físico de la belleza, sino lo que es realmente trascendente, su aspecto humano y lo que ello simboliza, trabajo, sacrificio, entrega, esfuerzo y perseverancia.